Abril no ha llegado escotado y transparente como hace casi siempre. Esta vez ha irrumpido con lluvias torrenciales e inundaciones en la ribera del Ebro especialmente. Según el Pp es una pena que todo ese tonelaje líquido se pierda sin poder ser enviado a las comunidades mediterráneas que tanto desean el trasvase del río más caudaloso de España. La mayoría de cargos populares han empezado una demagógica carrera para culpar a Zapatero de las diez plagas y por derivación también de esta. La falta de agua en sequía es culpa de no trasvasar, el exceso de agua cuando llueve también. Nuestro clima mediterráneo se pasa por el arco del triunfo todo eso.
Mi mejor amigo es un cargo público del PP. Hace tiempo que no discutimos de política de un modo serio. Hemos pasado del análisis riguroso a la broma recíproca. Las elecciones municipales se aproximan y su obligación como político es evitar fisuras en su discurso. La defensa del ideario popular ha de ser numantina en estas fechas y las convicciones deben parecer rotundas e inamovibles. Es lógico, por tanto, que él, como la mayoría de compañeros de filas, apriete los dientes y asegure que esa agua desperdiciada hubiera podido dignificar la vida de miles de ranas en las áridas tierras murcianas. Los populares están perdiendo la gran oportunidad de construir un discurso serio y eficiente a nivel nacional.
Me preocupa la estrategia popular. Mientras que este país vive un sonambulismo económico que aterroriza y el batacazo es inminente, la oposición no ejerce su papel de control y auditoria y se limita a crispar con elementos artificiales y de escaso sentido. El grupo de irresponsables que dirige las riendas del partido conservador español continúa pensando que Zapatero llegó al poder injustamente. Consideran que la historia evidencia el hecho que para que un presidente deje de dormir en la Moncloa es preciso un conjunto de hechos excepcionales. Suárez se fue con el ruido de sables, Gonzalez por una corrupción infecta y Aznar por la miserable gestión del 11-M, la guerra de Irak, el Prestige y el anticiclón.
El Pp ha entrado en una espiral de la que ya no puede salir. Un circuito cerrado vicioso con el que pretende ir incrementado paulatinamente la tensión social y mediática a fin de generar artificialmente una situación excepcional y por derivación, provocar un vuelco electoral. Arriesgan la propia esencia democrática del Partido Popular y lo dejan en evidencia recurriendo siempre al populismo tan habitual en los estados con déficit de libertades a cambio de ni enterarse de que la burbuja inmobiliaria ya ha explotado. Por cierto, gracias a todos los que se miran los genitales en el espejo cada mañana en lugar de afrontar con seriedad los problemas de los españolitos.
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