comentarios en la versión catalana
La abstención es una dolencia vieja que se está volviendo crónica y
actúa como emasculación de la democracia. Dejando a un lado aquellos
para los que ir a votar depende de la climatología, debo comunicar a
los que intentaron deslegitimar el régimen local de turno que se
lucieron. El porcentaje de abstención descansará en las páginas de
opinión de algunos periódicos, se archivará electrónicamente en miles
de blogs y se olvidará. A nadie le importa realmente ese vacío que está
mordisqueando nuestro régimen democrático. Comprendo a los que no han
ido a votar por convicción, como gesto político, porque esperan con su
silencio provocar una reacción en nuestros dirigentes. No han hecho lo
correcto. Dejar de participar y de pelear por cada centímetro de
espacio ideológico puede mutar hacia la resignación. Mientras una llama
permanezca encendida hay esperanza de crear entre todos una democracia
participativa, si todos nos quedamos tocándonos los huevos en casa, la
luz y su llama se apagarán irremediablemente. Estamos a las puertas de
un sistema político 2.0 y ahora no podemos abandonar.
Para los que se pregunten ¿quienes son los responsables de esa formidable abstención? La respuesta es descorazonadora puesto que son los propios partidos políticos. Se esfuerzan conscientemente y de hecho buscan a través de sistemas complejos de propaganda electoral, la abstención masiva. En mi opinión responde a una estrategia de marketing político y racionalidad estadística. En las sociedades bienservidas y triponas como la nuestra los votantes de centroizquierda y centroderecha se reparten proporcionalmente de un modo muy similar. Las opciones de que un socialista vote a un candidato popular o un votante popular lo haga por uno socialista son escasas. Lo que hace que un partido gane o pierda las elecciones no tiene relación directa con la capacidad de hacer cambiar el voto a la gente, sino que tiene que ver más con lograr que los votantes de tu contrincante ni se muevan de casa. Por ese motivo, durante la campaña, los partidos se pasan el día criticando al contrario con el único objetivo de desmotivar a su electorado y no tanto en intentar captar votos nuevos. Es más fácil desmotivar al contrario que motivar al propio, visto los resultados de participación. Si persisten en esa estrategia al final no va a votar nadie.
Cambiando de tema. He recibido un volumen importante de insultos y de correos desagradables durante toda la jornada electoral. Bastantes más de lo habitual. Hacían referencia a mi voluntad de votar a Don Groucho Marx y denotaban poco sentido del humor y una nula capacidad para captar la ironía. Obviamente no he votado por el mejor filosofo de la historia, aunque si se hubiera presentado lo hubiera hecho gustoso y convencido, pero por supuesto he votado a conciencia, o sea en contra de alguien y no tanto a favor. Por cierto, me alegro de que mi alcalde siga siendo mi alcalde. Es de Granollers y lleva la ciudad tatuada en la frente.


