comentarios en la versión catalana
La memoria de pez que tiene Rajoy asusta. La proximidad de las
elecciones generales revuelve estómagos y seca gargantas y en Génova
saben que si no encuentran socios, lo de gobernar es una quimera
aritméticamente imposible de alcanzar. El copresidente del PP falta al
respeto de los españoles aparcando sin complejos todas las calumnias
que lanzó sobre la carta magna catalana. Es vergonzoso que de la noche
a la mañana pretenda que los catalanes olvidemos la pirotecnia
utilizada por su partido durante tres años advirtiendo del peligro de
balcanización de España.
Todos sabemos que en periodo electoral el debate político alcanza sus cotas más corrosivas y la deliberación de las ideas se infantiliza hasta extremos ridículos. El mecanismo que utilizan los partidos en campaña electoral banaliza el poder haciéndonos creer las bondades de sus dirigentes. Estamos a meses vista de los comicios generales, pero Mariano Rajoy y sus colaboradores recién vestidos de moderados lanzan sus frases de diseño al auditorio. La falta de memoria es un síndrome a estudiar entre los dirigentes populares. Aznar olvidó que, gustosamente, autorizó los contactos con el Frente de Liberación Nacional Vasco y ha borrado de su libreta su anunciada generosidad con los asesinos si estos dejaban de matar. Lo hizo cuando el cadáver de Miguel Ángel Blanco aun circulaba por nuestro nervio óptico. La desmemoria es una lacra y un burdo sistema que el PP utiliza para desacreditar. En la rueda de prensa de ayer, Rajoy volvió a acusar al Presidente del Gobierno de consentidor y responsable de que ETA esté fuerte y preparada para matar una vez más.
Al PP le pierde su ADN, su constitución elemental lo convierte en un elemento extraño para la democracia. Se queja de que juega contra todos, pero intenta que los nacionalistas pacten con ellos sin dudar de ninguno de sus planteamientos contrarios al desarrollo de autogobierno de Catalunya. El PP se siente traicionado por un Ejecutivo que intentó buscar la paz con el diálogo cuando en realidad no ha hecho más que organizar manifestaciones boicoteando cualquier sendero abierto. Acusan al Gobierno del fracaso de la lucha antiterrorista en lugar de atender a la única y oscura verdad. La cruda realidad galvanizada de que ETA ha rechazado cualquier opción de llegar a un final dialogado para siempre.
Eta es un fósil ideológico y como tal solo tenía dos caminos. Podía haberse rendido a través de una paz dialogada o por el contrario optar por morir lentamente como un GRAPO cualquiera. Ha decidido morir matando. Ningún gobierno volverá a plantear de un modo firme un proceso de paz por dos razones: primero porque ETA es incapaz de entender las dificultades que para un estado de derecho supone aguantarse las arcadas al sentarse frente a ellos, y en segundo término, porque ningún gobierno tiene la certeza inamovible de que el principal partido de la oposición no vaya a actuar de un modo desleal, torticero y electoralista durante ese proceso.


