comentarios en la versión catalana
La cacicada de secuestrar una publicación en pleno siglo XXI es un
gesto inútil que confina a la monarquía al interior de un escaparate de
vidrio armado como si se tratara de cualquier otra antigualla del
pasado. Que el amancebamiento de los príncipes sea un tema tabú es una
enorme incoherencia puesto que, precisamente la monarquía, no deja de
ser una encadenación genética de prebendas y privilegios que se
perpetúa en el fornicio sin profilaxis.
Lo magistral de la viñeta de la revista el jueves reside en enlazar dos temas de preocupación ciudadana. Las ayudas gubernamentales a la natalidad y la utilidad de la monarquía. A través del Miembro Real se propone reflexionar sobre los dos asuntos y lo logran de un modo divertido, sano y elegante. Que puede ser más bonito que dos “jóvenes de su tiempo” en plena cópula, a la vez que dialogan sobre las medidas sociales del gobierno. ¡Que bello, que enorme, que cercanía!
Además, el juez del Olmo es el mejor humorista de la merienda. Sin desmerecer a Guillermo, el dibujante de la portada, de lo que más me he reído es del auto del magistrado. Si el juez del Olmo pretendía demostrar que la justicia española vive en el siglo pasado lo ha logrado. Un auto en el que solicita “el molde de la revista” en plena era informática tiene su gracia que solo supera el deseo expreso de que sea retirada de todos los quioscos en plena era de Internet. Pero aun hay más. La petición de un fiscal barrigudo exigiendo el embargo y secuestro de las páginas Web que estén difundiendo ese material. Desde mi casa escucho las risas planetarias.
Millones de personas de todo el mundo ya han podido disfrutar de una portada que, al parecer, el juez del Olmo quería que nadie viera. A los cinco minutos de la ejecución del embargo, agregadores y blogs de todo el mundo difundieron la simulación humorística de sus majestades a lo perrito por todo el universo conocido. El efecto ha sido patético. Millones de euros gastados en procurar mostrarnos como un país moderno y captar el turismo de calidad para que luego un fiscal y un juez anacrónicos se lo carguen a golpe de medida cautelar. Hemos quedado como una puta oligarquía cortesana incapaz de reírse de aquellos que viven entre yate y gala a costa de, por lo menos, mis impuestos.



